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| jueves, 01 septiembre 2005 |
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Industria
La crisis económica de 1930 marcó el fin del modelo basado en la producción de materias primas y la apertura externa. La baja de precios y de la demanda internacional y el retroceso de los capitales extranjeros significaron la reducción del 50% de la capacidad exportadora argentina. Las primeras medidas económicas fueron ortodoxas y diseñadas para solucionar los problemas. Desde 1933, sin embargo, comenzaron a adoptarse decisiones de largo plazo para la nueva realidad mundial.
En 1946, la industria, que empleaba a 900.000 trabajadores, duplicó su producción respecto de 1939. El peronismo (1946-55) profundizó el modelo: se acentuó la intervención estatal, se dio impulso a nuevas industrias y se privilegió el mercado interno mediante una redistribución de ingresos expresada en aumentos salariales y políticas sociales. Los gobiernos de A. Frondizi (1958-62) y J.C. Onganía (1966-69), buscaron la continuidad del proceso de industrialización mediante la promoción de la inversión extranjera y la sustitución de bienes intermedios y durables. Luego, en el período 1960-70 subieron las tasas de crecimiento a un ritmo del 4,3% anual. Se desarrollaron la industria automotriz, la siderurgia, la química y la petroquímica. La industria pasó del 33,6 a casi el 40% del PBI. No obstante, no se logró superar las recurrentes crisis de la balanza de pagos, agravadas por la remisión de utilidades y por el uso de bienes de capital importados que requirieron las nuevas actividades industriales.
CAMBIOS Y PROBLEMAS
En 1976, el llamado Proceso de Reorganización Nacional adoptó una estrategia económica sustancialmente diferente. Por primera vez, desde 1930, la industrialización dejó de ser un objetivo. Se desmontaron algunos de los instrumentos de control y regulación estatal. La reforma de 1977 marcó la hegemonía de los sectores financieros en la asignación de recursos. Otro eje fue la apertura externa.
La suba de las tasas de interés y la baja de la participación de los asalariados produjeron una caída de la actividad industrial del 20% entre 1976-81. Las finanzas crecieron un 40% (1975-80) y la deuda externa pasó de 7.800 millones de dólares (1975) a 45.100 (1983). El nuevo gobiemo democrático (1983-89), tras un breve intento de volver a las políticas dirigistas, aplicó el heterodoxo Plan Austral que, después de algunos resultados positivos, se agotó. En 1989, el país entró en una espiral de devaluaciones, hiperinflación y recesión.
LA ECONOMÍA DE MERCADO
Sin embargo, desde 1995, los efectos positivos del programa (estabilidad cambiaría y de precios que posibilitaron altas tasas de crecimiento, junto a los flujos de capitales disponibles a nivel mundial) se desaceleraron y se hicieron manifiestos los efectos negativos. La deuda externa pública pasó de 80.869 millones de dólares en 1991 a 144.784 en 1999. En el mismo período, la apertura económica y la llegada de capitales no produjeron los resultados esperados: aumentó la desocupación y el país entró en recesión.
El gobierno de la Alianza se mostró incapaz de resolver los crecientes problemas económicos y sociales. La recesión, iniciada en 1998 se profundizó. Hacia finales de 2001, el sistema bancario se vio afectado por diversas medidas que amenazaron con romper la cadena de pagos.
PERSPECTIVAS
Aunque la actividad agropecuaria bajó en su participación en el PBI a lo largo del siglo XX, sigue siendo el sector más competitivo. La minería y la pesca no han sido desarrolladas en todo su potencial. La industria aparece como el sector más castigado. Sin embargo, el panorama es complejo: otros sectores han tenido fuertes inversiones y ampliado su capacidad productiva (automotriz, petroquímica). Los servicios, en particular tras las privatizaciones y desregulaciones de los 90, ha sido el sector de mayor dinamismo. En tanto, la concreción del Mercosur le ha permitido al país comenzar a integrarse en un bloque regional de fuerte potencial.
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